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sábado, 30 de junio de 2012

EL BESO DE LA OTRA MADRE



Mirta Rodríguez. Natural de La Habana. 80 años recién cumplidos. Antonio Guerrero Rodríguez. Nacido en Miami. 53 años. Ella con su presencia, él en su ausencia, ambos, madre e hijo defensores de los más nobles valores del ser humano. Él, en el Estado de Colorado, en las mazmorras del imperio desde el 12 de Septiembre de 1998, ella por los confines del mundo, contando la injusticia que las autoridades del imperio vienen cometiendo con su hijo. Ambos, enarbolando la bandera de la dignidad y los principios. Entre ellos, entre ambos, los barrotes de una fría prisión custodiada por la policía federal estadounidense y la mirada amenazante de la mafia cubanoamericana de Miami. Ambos, madre e hijo, fieles representantes de la paz entre los pueblos, amantes de la palabra. Él, indomable, indoblegable, erguida su dignidad. Lo aprendió de su madre. Ella indomable, indoblegable, erguida su dignidad. Se lo enseñó a su hijo. Ambos, brillantes ejemplos del Fidelismo en su expresión más sublime. Genuinos representantes de una Revolución, que por creadora, creó al hombre nuevo, como Él, como Antonio , como los 5; y también creó este tipo de madres, madre de Él, madre de los 5, madre de miles y miles de hombres y mujeres solidarias repartidas por los confines del mundo que sentimos impotencia ante tanta injusticia y sinrazón acumulada. Ella, la madre, desde el cristal de sus ojos rotos de tanto llorar, vierte sus lágrimas en ríos de fuerza que trasmite al movimiento de solidaridad. Él, su hijo, desde su celda, no más deja ver los primeros rayos de sol mañanero, nos recuerda su complicidad con la vida. Sí, con la vida; de cubanos y norteamericanos a los que protegió de las dentelladas de terror de la escoria cubanoamericana. Ella, unida al coro de voces que desde la atalaya del malecón habanero reclamamos la inmediata liberación de Él, de los 5, porque representan la fragancia de la rosa rosa del amor, de la rosa roja de la pasión, del amor y la pasión a su patria cubana, por su pueblo cubano. Ellos, desde las guaridas de la little habana miamense, justamente su contrario: el olor a pólvora, el buitre hambriento de alas abiertas, eso sí, amparados en la cobardía y la complicidad de un nobel de tómbola y el silencio rastrero de unos medios de desinformación occidentales, por siempre deudores con la verdad. Ella y Él, Mirta y Antonio, en la margen izquierda de la línea divisoria que ilustra los valores de la dignidad, el compromiso, la resistencia, la fraternidad, el ejemplo. Al lado derecho de la misma, ellos, con sus contravalores, sus maldades, sus ambiciones, sus imposturas, sus instintos asesinos. Hace unos días, en la ciudad de Sevilla, Ella, Mirta, nos invitaba a seguir siendo solidarios con Él, con su hijo, con los 5, en una declaración desgarradora, emotiva, desmenuzando las mentiras del aparato judicial norteamericano nos recordaba que tanto Ella, como Él, no fueron educados en el odio. La Revolución les transmitió valores antagónicos. Dijo su palabra y se rompió……, tal cual le corresponde a personas que sitúan la estatura moral en el pedestal de su existencia. Ni toallas de micro fibra, ni geles de baño, ni algodones mágicos podrán borrar de mi mejilla la huella perenne de ese beso agradecido que recibí de Ella, beso templado en acero al rojo vivo y al frío, beso grabado por siempre de Mirta, madre de Antonio, madre de los 5, madre de todos los revolucionarios de este mundo. Para mi significó también “el beso de la otra madre”. Libertad para los 5 héroes, nuestros 5 hermanos.

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